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lunes, 21 de noviembre de 2011

Horacio por Jorge Calvetti

Oda I, 5
Ad Pyrrham

Quis multa gracilis te puer in rosa
perfusus liquidis urget odoribus
grato, Pyrrha, sub antro?
cui flavam religas comam,

simplex munditiis? Heu quotiens fidem
mutatosque deos flebit et aspera
nigris aequora ventis
emirabitur insolens,

qui nunc te fruitur credulus aurea,
qui semper vacuam, semper amabilem
sperat, nescius aurae
fallacis. Miseri, quibus

intemptata nites. Me tabula sacer
votiva paries indicat uvida
suspendisse potenti
vestimenta maris deo.



Versión libre de JORGE CALVETTI
(extraído del número 2
de la revista TARJA)

A Pirra

¿Qué gallardo mancebo hacia las rosas
y hacia el placer tu cabellera lleva,
y bañado en esencias olorosas
te estrecha, Pirra, en regalada cueva?

¡Oh! Cuántas veces llegará hasta el llanto
si siempre generosa hallarte espera
el que hoy, suya, te goza, y con qué espanto
verá huracán, tu brisa más ligera!

Porque ya firmes, los trocados dioses
entre vientos oscuros y entre adioses
lo llevarán, cual todos los perdidos…!

Por tu esplendor falaz yo fui engañado,
por eso en una tabla he ofrendado
al dios del mar, mis húmedos vestidos!

jueves, 29 de abril de 2010

Quinto HORACIO Flaco






Odas (Carmina)


I,4

Retrocede el cruel invierno al regresar la primavera y el Favonio,
y los barcos se deslizan sobre troncos.
Ya no buscan la oveja ni el pastor el calor del refugio,
y la escarcha no tiñe los prados de blanco.

Ya Venus Citerea bajo la alta luna guía los coros
y en ronda, las Gracias y las Ninfas
con uno y otro pie golpean la tierra, mientras el ígneo Vulcano
visita las fraguas sudorosas de los cíclopes.

Ahora adorna tu brillante cabellera con el verde mirto
o con las flores que convida la tierra liberada.
Ahora a Fauno sacrifica, en los bosques de sagrada sombra,
ya prefiera una cordera o un cabrito.

Con pie imparcial golpea la pálida muerte en la morada
del pobre y del rey. ¡Oh, feliz Sestio!
Corta es la vida, y breve debe ser nuestra esperanza.
Ya la Noche y los inciertos Manes

te hundirán en el reino incorpóreo de Plutón,
donde no sortearás con dados el trono del banquete,
ni admirarás al tierno Lícidas, por quien hoy arden los jóvenes,
y por quien pronto arderán las vírgenes.



I,8

Lidia, por todos los dioses te suplico:
¿por qué te empeñas en amar a Síbaris,
si lo corrompes? ¿Por qué de pronto odia
el sol y el polvo del campo de Marte?

¿Por qué ya no cabalga con sus camaradas,
ni gobierna con filoso freno
la boca de un caballo galo?
¿Por qué teme tocar el rojo Tíber?

¿Por qué el óleo de la lucha le repugna
más que la sangre viperina, y el que era diestro
en arrojar el disco y el venablo
ya no luce magullones en los brazos?

¿Por qué se esconde, como el hijo de la nereida Tetis,
antes del aciago funeral troyano,
temiendo que su viril figura lo arrastrara
contra las huestes licias y la muerte?



I,9

¿No ves el Soracte encanecido
por la espesa nieve, y los bosques
agobiados por su carga, y los ríos
detenidos por el punzante hielo?

Disipa el frío, oh Taliarco, alimentando
el fuego con crujientes leños,
y escancia de un ánfora sabina
con generosidad un vino añejo.
Deja el resto en manos de los dioses,
que aplacando la furia de los vientos
sobre el férvido mar, las ramas aquietaron
de los añosos olmos y cipreses.

Evita preguntar por el mañana.
Todo sol que la Fortuna te regale
ponlo en tu haber. Ya que eres joven,
no rechaces los amores ni las danzas,

mientras la vejez lejana no te pinte
canas en el pelo. Busca ahora
en el Campo de Marte los paseos nocturnos
y las palabras que se susurran en la cita.

Busca ahora la risa deliciosa de la niña,
que la delata oculta en el rincón secreto;
ahora, la prenda robada de los brazos
o del dedo que finge resistencia.



I,11

No te hace falta —eres joven—
ni te está permitido —es sacrilegio—
explorar la frontera en que los dioses
detendrán, Leucónoe, tus días y los míos;
no consultes los cálculos babilonios.

Cuánto mejor afrontar lo que suceda,
ya si Júpiter te concedió muchos inviernos,
o sólo éste, en que el férvido Tirreno
desgasta la escollera.

Sé sabia, saborea los vinos
y ajusta tu esperanza desmedida
a la copa de la vida, que es pequeña.
Aun mientras hablamos, el tiempo huye celoso.
Cosecha el día, incierto es el mañana.


I,18

No plantes, Varo, ningún árbol
antes que la sacra vid,
en torno a los muros de Catilo
y en los campos fértiles de Tíbur.

Pues el dios envía a los abstemios
de una pena a otra sin descanso:
no hay otro modo de poner en fuga
la inquietud que el ánimo corroe.

¿Quién recuerda cuando bebe la pobreza
o el rigor de la vida militar?
¿Quién no prefiere, padre Baco,
hablar de ti y de la graciosa Venus?

Pero que nadie olvide la mesura
cuando Líber lo obsequia con sus dones,
como enseñan lapitas y centauros
en la boda ensangrentada por el vino;

como enseña el mismo Evio,
que no es indulgente con los tracios
cuando una sed insaciable les impide
distinguir lo nefando de lo lícito.

Yo nunca, brillante Basareo,
blandiré el tirso sin tu venia,
ni expondré a las miradas los emblemas
que en el culto la espesa fronda esconde.

Refrena la música salvaje
del tímpano y del cuerno berecintio,
pues al compás de ella se encolumnan
el ciego Amor de sí, la Vanagloria,

que alza soberbia su cabeza vacía,
y la Indiscreción, tan generosa
cuando se trata de revelar secretos,
más traslúcida que el vidrio.

I,24

¿Qué lugar tendría la templanza
al perderse una vida tan preciada?
Cantos lúgubres enséñame, Melpómene,
con tu voz límpida y la cítara paterna.

¿Un sueño eterno oprime ya a Quintilio?
¿Quién podrá haber que se le iguale
en justicia y lealtad incorruptible,
en pundonor y culto a la verdad?

Muchos hombres buenos lo han llorado,
mas tú, Virgilio, lo lloras más que nadie.
En vano, oh piadoso, reclamas a los dioses
el amigo que así no les confiaste.

¿Mas si acaso cautivaras con tu lira
a los árboles aún más que el mismo Orfeo,
volvería a correr sangre en esa sombra?
Cerrando las puertas del destino,

Mercurio, con nefasto caduceo,
ya la arrea hacia el lúgubre rebaño.
Cruel: mas la paciencia alivia
el pesar que divina ley impone.



I,37

Ahora sí, amigos, a beber y a bailar
golpeando la tierra con los pies.
Ahora sí adornemos los altares
para banquetes dignos de los salios.

Sacrilegio era sacar de las bodegas
el vino añejo, mientras una reina
buscaba la ruina demencial
del Capitolio, y las exequias del Imperio,

capitana de un rebaño de varones
corrompidos por un mal infamante,
ciega para ver lo inevitable,
embriagada por la dulce fortuna.

Pero el fuego, que le dejó una sola nave,
congeló su furor, y a sensatos temores
el César redujo aquella mente
ofuscada por el vino egipcio.

Como el gavilán a la tímida paloma
o el veloz cazador a la liebre,
sin dar tregua a los remos persiguió
a la que huía volando desde Italia,

para encadenar a ese monstruo del destino.
Pero ella quiso morir más noblemente
y no temió, siendo mujer, la espada,
ni se refugió en puertos secretos,

sino que se atrevió a mirar de frente
la ruina de su corte, y a abrazar
las ásperas serpientes, empapando
su blanco cuerpo con veneno negro,

muerte aún más audaz por ser buscada.
Y así evitó que la arrastraran,
destronada mujer de noble sangre,
crueles veleros al soberbio triunfo.



miércoles, 3 de marzo de 2010

Cayo Valerio CATULO




3

Llorad, Venus y Cupidos,
y cuantos hombres seáis sensibles a la belleza.
Ha muerto el gorrión de mi amada,
el gorrión, delicias de mi amada,
a quien ella quería más que a las niñas de sus ojos.
Pues era dulce como la miel
y conocía a su dueña tan bien
como una chiquilla a su misma madre,
y no se alejaba de su regazo, sino que,
dando saltitos de aquí para allá,
solo para ella estaba continuamente piando.
Y ahora va por un camino tenebroso
hacia allá, de donde dicen que nadie vuelve.
Pero malditas seáis, crueles tinieblas del Orco,
que devoráis toda hermosura y me quitasteis
tan lindo gorrión.
¡Oh desdicha! Pobrecito gorrión,
por ti, ahora, el llanto enrojece
los dulces ojos de mi amada.


5

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos
y no nos importen un as
todas las murmuraciones de los ancianos ceñudos.
Los soles pueden ponerse
y volver a salir;
pero nosotros, una vez se apague nuestro breve día,
tendremos que dormir una noche eterna.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil, luego cien más,
luego todavía otros mil, luego cien,
y finalmente, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para no saberla
y para que ningún malvado pueda aojarnos
al saber cuántos han sido los besos.


8

¡Ay, Catulo, deja de hacer simplezas,
y ten lo que está muerto por perdido!
Radiantes soles te brillaban cuando,
en esos días, ibas
allí donde quería la joven,
amada por nosotros como nadie
será amada jamás.
Muchas fiestas celebraste allí entonces,
que tú deseabas y ella no odiaba.
En verdad, lucían soles radiantes.
Ella ya no lo quiere,
no lo quieras tú, débil,
ni persigas a la que huye, ni vivas
miserable: resiste
con tu mente obstinada.
Adiós, muchacha. Catulo aguanta ya,
no te rogará ni pedirá nada.
Mas sufrirás, cuando por nadie seas
rogada. ¡Ay, infame! ¿Qué vida te queda?
¿Quién irá a ti hoy? ¿Quién verá tu belleza?
¿A quién amarás ahora? ¿De quién
se dirá que eres? ¿A quién besarás?
¿A quién morderás los delgados labios?
Pero, ¡tú, Catulo, aguanta firme!


16

(Ofrezco dos traducciones de este poema, una a continuación de la otra:)

Os daré a probar y os impondré mi virilidad,
Aurelio bardaje y Furio marica,
que por mis versos, porque son voluptuosos,
me habéis creído poco decente.
Pues el poeta bueno debe ser casto en su persona,
pero no es necesario que lo sean sus versos,
que después de todo solo tienen sal y gracias
si son algo voluptuosos y poco decentes
y pueden levantar los ánimos no digo de los muchachos,
sino de esos hombres de pelo en pecho
que ya no pueden menear sus duros lomos.
¿Vosotros, porque habéis leído muchos miles de besos,
me consideráis poco hombre?
Pues os daré a probar y os impondré mi virilidad.

(otra traducción)

Yo me los voy a culear y voy a hacer que me la chupen,
a vos, Aurelio, culo roto, y a vos, Furio, que sos una loca bailarina.
Ustedes, que de mis versitos, porque son un poquito delicados,
opinaron que yo soy un desvergonzado.
Pues el poeta en persona debe ser respetuoso y recatado,
pero no hace falta que lo sean sus versitos
que finalmente tienen sal y pimienta
si son un poquito delicados y desvergonzados,
y si también pueden provocar aquello que excita,
no digo a los jóvenes, sino a esos peludos que no pueden mover sus vergas.
¿Ustedes, porque leyeron mis “muchos miles de besos”
me creen menos macho?
Yo me los voy a culear y voy a hacer que me la chupen.


27

Muchacho que nos sirves el viejo Falerno,
lléname una copa de vino más fuerte,
como lo manda la ley de Postumia, nuestra reina,
más ebria que un grano de uva henchido de mosto.
Y vosotras, marchaos adonde queráis,
aguas, perdición del vino;
emigrad entre la gente seria:
aquí no hay más que puro tioniano.


32

Por favor, dulce Ipsipila mía,
delicias mías, encanto mío,
invítame a ir a tu casa a echar la siesta.
Y si quieres, hazme este otro favor:
que nadie cierre la puerta de afuera,
y tú ten la bondad de no marcharte;
quédate en casa y prepárate a abrazarme nueve veces seguidas.
Pero, si has de hacerlo, llámame ahora mismo,
pues me he echado después de comer y,
satisfecho y boca arriba, atravieso la túnica y el manto.


51

Semejante aun dios se me aparece aquel,
superior a los dioses, si es lícito,
que sentado frente a ti, sin cesar,
te observa y escucha
reír dulcemente, lo que a mí, desgraciado,
todos los sentidos me arrebata:
Lesbia, en cuanto te veo,
mi voz se apaga,
la lengua se torna torpe, y bajo mis miembros
comienza a manar una llama;
me zumban los oídos y una noche
doble cubre mis ojos.
El ocio, Catulo, te es pernicioso;
en el ocio te exaltas e impacientas.
El ocio ya perdió antes muchos reyes
y ciudades felices.


58

Nuestra Lesbia, Celio, aquella Lesbia,
aquella Lesbia a quien Catulo amó,
más que a sí mismo amó, más que a todo lo suyo amó,
ahora en esquinas y en callejuelas
se las pela a los magnánimos nietos de Remo.


83

Lesbia me desprecia
y me insulta ante su marido,
lo que produce en el imbécil
una inmensa alegría.
¡Qué burro es!
Cómo no se da cuenta
de que si me evoca
es porque me recuerda.
Peor aún:
cómo no se da cuenta
de que si Lesbia me hostiga y critica tanto
es porque sigue caliente conmigo
y no sabe disimularlo.


85

Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris?
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Odio y amo. Tal vez preguntes por qué lo hago.
No lo sé, pero siento que es así y sufro.


92

Lesbia dice pestes de mí todo el tiempo y no para.
¡Que me muera si Lesbia no me quiere!
¿Cómo lo sé? Porque me pasa lo mismo: la maldigo a todas horas,
pero ¡que me muera si no la quiero!

domingo, 28 de febrero de 2010

Métrica y ritmo en la poesía grecolatina

La poesía grecolatina era muy diferente de la española tradicional. Antes de desarrollar esta idea, debemos detenernos en el alcance y significación que le damos aquí al término "poesía". Poesía es una palabra de origen griego que etimológicamente significa —entre otras cosas— “creación”. Por lo tanto aquí, cuando hablamos de poesía, nos referimos a toda creación verbal; así, no solo podemos hablar de poesía lírica, sino también de poesía épica y poesía dramática. Luego, el término fue experimentando cambios semánticos y terminó restringiendo su significado, ya que hoy identificamos “poesía” únicamente con la lírica.

En la literatura griega los poemas épicos de Homero, las composiciones de los líricos, las creaciones dramáticas de Esquilo, Sófocles y Eurípides... todo estaba compuesto en verso. Por lo tanto, las características de la métrica y el ritmo propios de la poesía griega se aplican a todas esas obras. Y la poesía latina comparte esos rasgos.

Para explicar métrica y ritmo vamos a comparar la poesía grecolatina con la española tradicional. Por ello, partiremos de los conceptos de “ritmo” y “métrica”.

En la poesía española, el RITMO está dado por la distribución de los acentos en el verso. La combinación entre la distribución de acentos y las pausas o silencios es lo que le da a la poesía esa cadencia, esa musicalidad que hace que podamos ponerle música y que, incluso al recitarla, tiene armonía, es melodiosa (a propósito, recordemos que en la antigüedad clásica la música y la palabra estaban estrechamente unidas, aquella no existía independientemente de ésta). En el verso grecolatino, el ritmo se basa en la alternancia de sílabas largas y breves. En otras palabras: tanto en griego como en latín existía la cantidad vocálica: había vocales largas, que duraban dos tiempos, y vocales breves, que se emitían en uno solo. La sílaba era larga o breve según tuviera una vocal larga o breve (los diptongos eran largos). Una sílaba larga equivalía a dos sílabas breves.

Podemos recurrir a la música para entender mejor esa alternancia entre sílabas largas y breves. En música hay —entre otras— notas blancas, que valen dos tiempos, y negras, de uno solo. Esas notas podrían ilustrar la oposición entre largas y breves del verso grecolatino. Una blanca sería una sílaba larga; una negra es la mitad de una blanca, o lo que es lo mismo, una breve es la mitad de una larga. La blanca dura lo mismo que dos negras; del mismo modo, la sílaba larga tiene la misma duración que dos breves.

Pero para explicar este tema de otro modo podemos recurrir a compararlo con algo mucho más cercano a nosotros. Todos conocemos la particular entonación de los cordobeses: cuando hablan alargan una vocal en algunas palabras y se escucha como un “cantito” que los identifica: “Soy cordoobés... ¿Tení algún prooblema?”. Ese alargamiento equivale (salvadas las distancias) a las sílabas largas del griego y el latín. La combinación entre sílabas largas y breves en el verso grecolatino es lo que le daba ritmo o musicalidad (como al “cantito” cordobés).

Las lenguas romances —entre ellas, el español— perdieron la cantidad vocálica, por lo que su ritmo cambió y se basó en lo acentual.

Ahora bien, los pies métricos pueden ser combinaciones de dos, tres y cuatro sílabas. Los más comunes son los siguientes (las sílabas largas se señalan con una raya larga encima de la vocal y las breves con una cuña, que nosotros, a falta del signo correspondiente, vamos a representar con una U):

Pies de dos sílabas:
Yambo: U__
Troqueo o Coreo: __U
Espondeo: __ __

De tres sílabas:
Anfíbraco: U__U
Tríbraco: UUU
Dáctilo: __ UU
Anapesto: UU__
Crético: __U__
Baquio: U__ __
Moloso: __ __ __

Cada género y especie tenía un verso y un ritmo diferente, de acuerdo al tema que tratara. Dentro del género lírico, incluso, el ritmo cambiaba mucho de acuerdo al sentimiento que se quisiera comunicar. Como es obvio, no tenía la misma cadencia y vivacidad un canto fúnebre que uno de bodas o uno que se proponía celebrar un triunfo bélico, puesto que el primero lamentaba, el segundo celebraba jocosamente y el tercero lo hacía de forma enérgica y marcial. Cada uno tenía un ritmo diferente.

Respecto de la MÉTRICA, nuestro diccionario académico la define como “el arte que trata de la medida o estructura de los versos, de sus clases y de las distintas combinaciones que con ellos pueden formarse”. Para medir un verso español, debemos contar cuántas sílabas tiene. En la poesía grecolatina no contamos las sílabas sino los pies métricos. La cantidad y calidad de pies métricos caracterizan y dan nombre al verso.

Por último, diremos que ni en la poesía griega ni en la latina existía la RIMA, esto es, la coincidencia de sonidos entre versos a partir de la última vocal acentuada. La rima es un invento posterior: se creó como un ejercicio poético en las escuelas latinas de retórica del norte de África, entre los siglos V y VI de nuestra era.

Valgan estas líneas como una primera aproximación al tema. Espero que les sirvan.

Cordialmente,
Patricia Calvelo

martes, 9 de febrero de 2010

Lírica griega y latina

Hola a todos:

Aquí subo la guía de lírica. Pido disculpas por la demora. Cualquier duda que tengan, por favor pregúntenme a mi correo electrónico: patricia@jujiense.com.ar

  • Lírica griega
    1. ¿En qué siglos apareció y se desarrolló la lírica en Grecia?
    2. ¿En qué región/es griega/s prosperó este género literario?
    3. ¿Qué condiciones políticas y sociales favorecieron el desarrollo de la lírica? (Schökel)
    4. ¿Cuál es la etimología y el significado de "lírica"?
    5. Establezca las relaciones entre la lírica, la música y la danza en la Grecia clásica.
    6. Ritmo, métrica y rima: la rima no existía en la poesía grecolatina, fue una creación posterior. Pero los antiguos griegos y latinos emplearon, sí, ritmo y métrica, lo que otorgaba musicalidad a sus composiciones. Sin embargo, esos elementos eran muy diferentes del ritmo y la métrica de la poesía española tradicional. Establezca diferencias explicitando en qué consiste cada uno.
    7. Dentro del género lírico se desarrollaron en la antigua Grecia cuatro subgéneros: lírica personal o monódica, elegía, yambo y lírica coral. Caracterice a cada uno y diga qué diferencias de ritmos, métrica y temática existen entre ellos.
    8. Enumere las especies dentro de los siguientes subgéneros líricos:
    elegía
    yambo
    lírica coral
    9. Cite los principales representantes de cada subgénero o especie lírica griega.
    10. Busque una breve biografía de cada uno de los siguientes poetas griegos: Alceo – Safo – Anacreonte – Píndaro.
    11. Lea la antología de líricos griegos antiguos completa. Elija dos composiciones que le hayan gustado y analícelas (especie, cómo aparece el yo lírico, qué tema aborda y cómo lo hace, sentimiento, tono, referencias mitológicas, estructura, recursos estilísticos, otros aspectos).

  • Lírica latina
    1. En la antigua Grecia el género lírico se desarrolló en un espacio temporal bien delimitado. Pero en Roma los líricos aparecieron en distintas épocas. El primer gran poeta lírico fue Cayo Valerio CATULO. Más tarde, debemos mencionar a otros dos magníficos vates: Quinto HORACIO Flaco y Publio OVIDIO Nasón. ¿Quién fue cada uno de ellos? ¿En qué época vivió cada uno? ¿Se relacionaron entre ellos? ¿De qué manera?
    2. ¿Qué influencias recibieron los poetas líricos latinos de los griegos?
    3. ¿Qué especies cultivaron cada uno de estos poetas (siempre en referencia a Catulo, Horacio y Ovidio)?
    4. ¿Incluiría usted a Lucrecio y Virgilio entre los poetas líricos? Fundamente su respuesta.
    5. Lea poemas de Catulo, Horacio y Ovidio. Diga qué temas tratan y de qué modo los abordan.
    6. ¿Cómo influyeron estos poetas en la literatura posterior?